miércoles, 17 de octubre de 2012

JOHN.P DESPIERTA

Acabo de olvidar lo último que olvidé. Me cuesta comprender que aún me sorprenda. Lo que sé es que mañana temprano debo estar en Montevideo. El billete descansa al calor de la vela. Intento recordar cómo llegué aquí. Bajé del autobús en Gijón, cerca de la playa de San Lorenzo. La brisa acariciaba la orilla y me acerqué a sentir como el mar me besaba los pies. Era primavera. martes. Cerré los ojos y pude oír como rozaba mis labios el aliento de los principios felices. Una idea abrazaba este momento. Casi parece que una voz deseaba instalarse en mi cabeza. Al girarme veo un cartel en un escaparate: “¿Cuándo fue la última vez que hiciste algo por primera vez?”. Me acerco al cristal y veo mi rostro reflejarse sonriendo mientras la voz de mi cabeza responde al cartel... Mi primera última vez...

Alguien me toca el hombro.

- ¿Disculpa? ¿Puedes oírme?
- Claro - respondo.
- ¿Quieres entrar?  - sonríe.
- ¿Por qué no? -veo fotografías de lugares exóticos por todas partes y una mesa divertida en la que trabaja la chica que me invita a tomar asiento. Algunos folletos con atractivas ofertas están cómodamente alineados en la estantería del fondo de la estancia.
- ¿Quieres viajar a algún sitio en particular?
- No tengo dinero para pagarlo.
- No pareces ser de esas personas que no tienen dinero.
- Entonces supongo que necesito un trabajo. ¿Me ayudas a encontrar uno? - la chica sonríe y le brillan sus ojos verdes.
- ¿Qué sabes hacer?
- ¿Me podría ganar la vida sonriendo? - y dibujo en mi rostro una demostración de mis habilidades.
- Mi hermano necesita ayuda en su bar. Tiene de baja al socio. Aunque no se si podrá permitirse un empleado.
- No necesito un contrato, tan solo dinero - en el bolsillo del pantalón me quedaban treinta y tres euros, una American Express de la que desconocía su clave, el carnet de conducir; pasaporte en vigor de un tipo parecido a mi pero al que no recordaba, más joven, con el pelo más corto y con un nombre con el que no me identificaba.
- Déjame que hable con él y vuelve a la hora de cierre - su voz suena sincera.
- ¿Me dejas algo para leer?
- ¿Perdona? - dice sorprendida.
Me gusta leer y he olvidado traer un libro - respondo tranquilamente.

- Es tu día de suerte. Ayer un cliente se dejó olvidado uno. No dejó modo de contactar con él.
- Muchas gracias, supongo que tienes razón. Es mi día de suerte.

Era una vieja edición de un libro que escribió Benedetti: “Primavera con una esquina rota”. Tenía una original autodedicatoria escrita a lapicero escondida en la tercera página... “Amada Amanda, por siempre y desde siempre te quise y ni aún hoy te lo dije... (escrito para no olvidar ni compartir) Desde el camerino del Tinglado de Montevideo, abril de 1984. Pablo”.

Salí a la calle. Me senté frente al mar. Y empecé a leer con avidez, buscando el misterio que empujó a Pablo a escribir esas líneas. Investigando donde se encuentra el vínculo que le unía a Amanda. Disfrutaba del momento entregado a la aventura de que algo me sorprenda, cuando encuentro una página más gastada que el resto. Leo, releo y no entiendo el sentido de las palabras que me atrapan. Sin embargo, el rumor de las olas, la tarde despidiéndose del día, una pareja de enamorados paseando por la playa...

"La primavera es como un espejo pero el mío tiene una esquina rota
era inevitable no iba a conservarse enterito después de este quinquenio más bien nutrido
pero aun con una esquina rota el espejo sirve la primavera sirve"

 

A la hora convenida aparezco en la agencia de viajes. Me recibe la chica sonriendo.
 

- Mi hermano quiere conocerte. Por cierto ¿Cómo te llamas?
- Llámame Pablo - miento y sonrío -. ¿Cuál es tu nombre?
- Llámame Wilma - me devuelve la sonrisa y sospecho que también la mentira - Encantada de conocerte, Pablo. - extiende con gracia su brazo hacia mi y así tenemos nuestro primer contacto.

El bar resulta ser un local muy divertido lleno de paisanos que se pasan la tarde escanciando sidra, comiendo patatas al cabrales y todo tipo de platos que presumen de calorías. Enseguida me siento a gusto. Soy la novedad. Hago todo lo que me piden y lo hago contento. El hermano de Wilma me comenta que no puede contratarme pero que le vendría bien una ayuda mientras su socio se recupera y me pregunta por cuánto estaría dispuesto a trabajar. Entonces lo vi claro. Tan solo necesito un lugar donde tumbarme, algo que comer y que el dinero no es prioritario. Si te parece bien, le dije, puedo trabajar para ti hasta ganarme un billete de avión a Montevideo. Sellamos el acuerdo brindando con orujo de miel. Festejamos que ambos salíamos ganando.  Y así fue como unas semanas después me dijo que necesitaba mi nombre completo y número de pasaporte. 


Le entrego el pasaporte y se ríe al descubrir mi verdadero nombre. Brindamos de nuevo por los motivos para ser como cada quien siente que es y, añado, brindemos también por la felicidad, donde quiera que esté... Y en cualquiera de sus formas.

Cuando Wilma entra, nos observa desde la cima esmeralda de su mirada, en ese instante siento que la veo por primera vez. Pide un vaso y brinda.

- ¡Por la felicidad! - nos guiña un ojo y le regalo un beso - ¿Ya estáis borrachos?
- Menos de lo que parece pero más de lo que tolero - dice su hermano -, así que si me disculpáis os dejo a ambos en buena compañía. Hablamos por la mañana.
- Descansa, amigo - le contesto y mirando a Wilma, añado -. No recuerdo haber estado borracho nunca.
- ¿No tienes límite? - vuelve a sonreír.
- ¿Acaso existe? Hace falta toda una vida para aprender a vivir al límite de los límites. De hecho, vivir sin límites no te alarga la vida pero sí la llena... ¿Demasiado vivir la vida en un par de frases, Wilma?
- Eres un tipo extraño y eso te hace interesante. Lo sabes bien. ¿Algún día me dirás cómo te llamas, Pablo?

Me acerqué a su oído como para susurrarle algo. Demoré ese momento para memorizarlo. Y a modo de respuesta, le besé la mejilla y me marché a pasear por las calles de Gijón.

A la mañana siguiente recibí el billete de ida a Montevideo que me había ganado trabajando. Viene a mi el reclamo de la frase del escaparate que vi nada más llegar a la ciudad: “¿Cuándo fue la última vez que hiciste algo por primera vez?”. Reconozco la sensación de los principios felices y decido compartir con Wilma conceptos que no caben en palabras. Pasar el día juntos. Hacernos futuros viejos amigos.

A la mañana siguiente me despertó una idea feroz. Para todo hay una primera vez, incluso para la última. La imagen que me devolvía el espejo se acercaba más a la de una primera última vez. No volveré a tener un día como el de ayer. Ahora sé lo que es amanecer después del día más feliz. En unas horas, pocas, marcho a otro lugar, con otro mar; a dormir bajo otras estrellas. Apenas está amaneciendo y ya empiezo a cuestionarme lo que quiero, lo que debo o debo hacer. Wilma sigue dormida, jamás vi a nadie descansar sonriendo. Como si estuviera soñando con bailar claqué. Y aún será mejor cuando vuelva a subir las persianas de sus ojos verdes. ¿Sonreirá cuando le diga que me marcho? El billete descansa en la mesilla junto a la vela que encendimos anoche mientras olvido lo último que olvidé.

miércoles, 28 de marzo de 2012

JOHN.P REAPARECE

¿Te imaginas cómo sería levantarte un día y no saber quién eres? ¿Mirarte al espejo y no reconocerte? ¿Que todo a tu alrededor te resulte familiar incluso las personas que salen en las fotos que ves colgadas en tu pared menos al ser que esa mañana está ocupando tu aspecto? Todavía más extraño, ¿Y si fuera más que una sensación, una angustiosa realidad? Busco entre los papeles del dormitorio indicios de mi y en cada intento frustrado aumenta mi desazón. Apenas encuentro algo de dinero y documentación que no me aportan más que inquietud y una extraña sensación de ausencia.

Salgo a la calle a respirar un poco de marzo  en mis pulmones. Ignoro si tengo un trabajo. No recuerdo las claves que me conectan con el mundo; ni móvil, ni correos. Es temprano. Ensayo una sonrisa frente al vendedor de periódicos y le pregunto si sabe quien soy. Me devuelve una sonrisa prudente que no acierto a clasificar. Sin noticias de mi. Ninguna cara conocida. Nadie a quien acudir. Camino decidido. Si alguien reparara en mi, pensaría que se a donde voy; aunque lo que me mueve es un poderoso impulso a dejar atrás la casa donde he amanecido.

En la calle veo a un grupo de personas subiendo a un autobús. Le pregunto al conductor a donde se dirigen. A Gijón me contesta. Ayudo a un matrimonio mayor a subir su equipaje y recibo mi primera sonrisa sincera del día... Gracias, joven, ¿Viaja usted con nosotros? Me dicen. La verdad es que no tengo nada decidido en mi vida actualmente, les contesto. El hombre más mayor se me acerca despacio y me dedica una frase que ya había oído antes sin recordar cuando ni donde, ni entender su profundo significado, pero que en los labios de este hombre adquieren un poder inspirador: “alguna decisión es mejor que ninguna decisión”...

Y así empiezo el viaje.

miércoles, 16 de marzo de 2011

JOHN. P SEDUCE



Una mujer me preguntó en una noche disfrazada de celos...
  • Johni ¿Piensas que en alguna otra vida pudimos habernos conocido?
  • Claro, preciosa... En algún cuento de hadas.
  • Eres incorregible Johni. Te lo pregunto en serio ¿Crees en el destino?
  • Soy un romántico, encanto. Por ese motivo no puedo creer en el destino. Sobrevivo en las trincheras combatiéndole al amor. He naufragado en algunas ocasiones por arrecifes que no quiero volver a visitar. Supongo que son mis heridas las que puedan atraerte. En fin, querida, me preguntaste si podíamos habernos conocido en alguna vida pasada y... Creo que es posible...

  • ¿De verdad que lo piensas posible, Johni?

  • En alguna otra noche como esta de Jameson´s on the rocks he llegado a imaginar que podría reencarnarme en botella. En una buena botella, resistente, de color verde, como el de los ojos que enloquecen. Si te gusta la idea, nena, te invito a dejarme algún mensaje en ella si volvemos a coincidir en esa otra vida.
  • Lo dices como si no volviéramos a vernos en esta. Además, mis ojos no son verdes. Tienes a otra, ¿verdad?
  • Cariño, si algo he aprendido en los años que destilo es que para todo hay una primera vez... Incluso para la última. Y te equivocas, amor. No tengo a otra... tengo a otras.
  • Tu ironía escuece, Johni. Tienes muchas papeletas para ganar en la lotería de la soledad. Bien conoces el dicho de que quien mucho abarca poco aprieta.
  • Lo conozco demasiado bien, corazón. Por eso precisamente te aprieto tan poco... Para abarcar mucho.
  • ¿Usas palabras hermosas para hacerme daño, Johni?
  • Tesoro, la noche está vestida de luna llena. Ambos sufrimos de corazones rotos. Nos conocimos y nos deseamos. ¿Quién necesita más de compromisos y vínculos? ¿Los que los rompieron o los que nunca los tuvieron? Creeme, es mejor así; sin exigencias y con apetencias.
  • ¿Quien te partió el corazón, Johni? ¿Dónde lo dejó? No me respondas. Hagamos el amor una última vez, con la pasión de los que tienen la oportunidad de saber que es la última vez. Al menos déjame disfrutar de este momento como si fuera auténtico y te recuerde como quiera.
  • Debo confesarte algo, princesa. No necesitas saber el daño que haya sufrido, sino el que he llegado a causar; precisamente ese es el dolor que quiero evitarte. Somos dos muñecos efímeros, prescindibles, en tregua, personajes infrecuentes que habitamos en lugares erróneos. Nos separa el mismo aire que nos une. Fingimos ante la complicidad de la noche que deseamos lo que hacemos. Y ambos sabemos que cuando el día llegue lo que aparentaba unirnos era un imposible... Te diré algo más mientras te desnudo, y te lo diré en voz baja, como un susurro con aroma a rumor; te lo diré a traición, por la espalda, besando tu nuca con mis palabras... Haremos el amor, corazón, por última vez... Por primera última vez.




    ¿Seducir engancha? 

    ¿Has conocido a personas capaces de enamorarse y desapasionarse con la intensidad de una estrella fugaz? 
    Una vez estuve enamorado. 
    Supe que estaba enamorado cuando volví a enamorarme. 
    Entonces comprendí que al principio lo que tuve fue un vínculo emocional lleno de afectos que me hicieron pensar y decir que estuve enamorado. 
    La segunda vez fue la primera. 
    La segunda vez sí que estuve enamorado porque sentí el dolor del desamor. 
    Desde entonces vivo enganchado a relaciones imposibles. 
    Hace poco vi una historia con la que me identifiqué de inmediato. 
    Se llamaba la botella. 
    Hablaba de afectos, de soledades, de diferencias y de jugarse la vida por un imposible; de hacer que la vida merezca la alegría de ser vivida... De eso hablaba esa historia sin decir ni una palabra. 
    Cuando terminé de verla pensé en cuánto de imposible estoy incorporando a los días que me suceden. 
    Ya resulta bastante complejo vivir llamándome John. P como para intentar sobrevivir habiendo elegido la manera más hermosa para poder morir de hambre... Escribiendo... y no cantando, como dijo David Moya, de quien tomo esta frase, en la presentación de su "heroico fracaso".






    John. P
    Tuyo y de todos



    martes, 8 de febrero de 2011

    JOHN. P COMPARTE


    Tengo un compañero de piso... Y Se llama Miki. Es todo un personaje mi nuevo amigo Miki. Le conocí en Ikea. Todavía intento entender qué sentido tiene que no solo estemos viviendo juntos, sino que empiece a ocupar un lugar importante aquí y ahora. Ocurrió una mañana lluviosa del último otoño. Había un montón de personas ofreciendo sus servicios para transportar y montar los muebles de mi nueva casa... Mi naciente ego no permitía que nadie extraño me acompañara en la misión de reinventar conmigo el decorado de mi nuevo hogar. Con esa actitud me encontré con Miki. Estaba dentro del centro comercial. En la primera planta. A la entrada de uno de los espacios situados junto a los salones amueblados. Era un imán de personas mi amigo Miki. Le estuve observando un rato hasta que decidí acercarme. Tan blanco él, con esa pinta de fantasma barrigudo sin cabeza de casi metro y medio, como recién salido de la película Casper. Lo vi claro. Donde los demás tan sólo veían una lámpara de 9 euros yo descubrí a Miki.
    No sé si conoces esa sensación de sentirse sólo; si la conoces, podrás entender como, para mi, cuando uno está sólo, todo lo que hay alrededor cae en la tentación de ser humanizable. La tarde que volví de Ikea con Miki, sentado en el sofá, cerré los ojos mientras escuchaba una canción de Jack Johnson llamada “all at once”. 


    La lluvia golpeaba los cristales y no quise evitar sentirme triste. Es bueno sentirse acompañado. Y me entretiene hablar con Miki en esas ocasiones en que no es agradable estar a solas. Miré la lámpara como embobado hasta que me distrajo un golpe. De un caballete en el que había un cuadro se había caído algo que estaba en lo alto. Era un sombrero que traje de una vida anterior en un siglo anterior y de una historia de otro mundo que no quiero olvidar. Vi el sombrero caído en el suelo y miré a la lámpara apoyada en ese mismo suelo. Entonces decidí presentarles. De repente entendí que algunas cosas cobran un valor diferente cuando se combinan, cuando se encuentran y se unen. Ya no estaba triste a pesar de que ahora sonaba una canción de Sting en versión de Eva Cassidy “fields of gold”.


    En uno de los estantes con libros había unas gafas 3D con las que vi la película “Avatar” y me traen recuerdos de una noche repetible. Decidí que estaría bien que humanizaran a mi nuevo compañero de piso. Pensé entonces en que sería bueno ponerle un nombre y apelé a mi afición por los acrónimos. Así nació MIKI: “Mi Increíblemente Kerido (amigo) Invisible”.


    Desde que Miki vive conmigo las tardes son más entretenidas. Cuando estoy sentado en el salón con el cansancio abrazado a mi cabeza imagino conversaciones con Miki. Cuenta historias muy divertidas. Con ese aspecto de fantasma disfrazado de iluminado detective imitador de Humphrey Bogart. Una noche me contó que tuvo una novia a la que llamaba Mifefé. Y me dijo que no usaba ese nombre precisamente porque le pareciera una gatita.

    "Johni, amigo. Tu problema no es de confianza... Es de ausencia de ella. Hasta un tipo como yo puede ser interesante. Mírame bien. ¿Qué ves en mi? ¿Ves a un tipo atractivo o sólo a un fantasma cualquiera? ¿Ves a uno de tantos?... !No! Nunca amigo mío. Soy especial porque me siento especial, Por eso tengo éxito. Cuando vivía en Ikea tuve una aventura... En realidad tuve muchas pero sólo una me dejo huella. Me llegó muy hondo. Era una preciosidad que me iluminó el corazón. Su verdadero nombre era Luz, Luz Cálida de Bajo Consumo. Sus curvas me volvieron loco. Uf, amigo. Ella si que sabía cómo ponerme caliente. Me buscaba los casquillos como ninguna antes lo había hecho. La verdad, Johni es que hay que vivirlo para entenderlo. Nunca olvidaré lo que me dijo una vez. Me hablaba por morse. Luz corta, luz larga... Me dijo muy lentamente: <mmm... corazón mío... ¿Te he dicho alguna vez que me flipa follar?...> 

    ¿Puedes imaginarlo Johni? Me dijo eso... Me Flipa Follar... Uf, amigo, ¡Qué subidón! En la intimidad le llamaba cariñosamente Mifefé por las iniciales de esas tres palabras que me encendían como no recuerdo haberme encendido nunca. 
    ¿Qué más podría decirte después de algo así? Pasó lo que tenía que pasar. Se fue. Mifefé encontró otro casquillo más grande, con más clase y que vivía en una casa menos transitada... Si pudiera verme ahora...”

    Sí, todo es cierto. Miki era una lámpara de Ikea. Y no, no estoy loco. Existe y es de verdad. Tengo pruebas. De hecho es mucho más creíble que si fuera la típica lámpara que hay que frotar para que le salga el genio que lleva dentro. Un día me dio por frotar a Miki y no vi que le saliera genio alguno, aunque se le puso un carácter...



    John. P

    jueves, 27 de enero de 2011

    JOHN. P RECONSTRUYE



    Ser o no ser... He ahí la fricción. 
    Me llevo mal con las coincidencias. Nunca las veo venir. Tampoco les otorgo un sentido. Puede parecer algo absurdo. Incluso hay días que hasta encuentro sentido a esos presagios con forma de oráculo. Y cuando estos días vienen... Preferiría que fueran cortos. Hablo desde la experiencia por la sencilla razón de que no sé expresarme desde la prudencia. El caso es que existen ciertos sincronismos en mi vida bastante evidentes para cualquier observador imparcial. El problema reside en que yo no soy un sujeto válido como observador imparcial y tengo que esperar un tiempo para entender el alcance de las casualidades que me suceden. Necesito compartir para entender; y aún así, tardo en entender y tardo en compartir. Tengo la opinión de que cada uno es más como le sienten que como se ve. Para serte franco, que no claro, no suelo creer a quien dice que se conoce bien a si mismo. Y para seguir con la sinceridad, acostumbro a sostener que las personas no cambian; como mucho, evolucionan. 
    Soy zurdo, ese es un hecho y un dato. Hay zurdos que pueden fingir ser diestros. Existen algunos que hasta fueron obligados a dejar de usar la “siniestra” desde que siendo críos les ataban la mano izquierda a la espalda para que aprendieran a usar la “diestra”. Y lo hacen bien, pero siempre serán zurdos, aunque lo nieguen, lo duden o hasta lo olviden. Ahora que lo pienso, uno viene de serie con su propia forma de ser y se pasa el resto de su vida o reconociéndola o potenciándola o ignorándola.
    La gente no cambia. Yo no he cambiado. Sigo siendo zurdo. Y he cambiado el decorado de mis días, hasta los muebles y el entorno; puedo alejar recuerdos o personas y reinventarlos como desee. Puedo hacer todo eso, pero no cambiarme. No puedo ser quien no soy. 
    ¿Y quién soy en realidad? ¿Cómo soy? ¿Soy más feliz? Por insistir con la franqueza, estoy seguro de que me siento mejor, estoy mejor... Ser (yo mismo) o no ser (yo mismo)... He ahí la misión.
    Una vez que he compartido contigo mi personal reflexión sobre mi falta de comprensión del cambio personal, debo confesarte que sí creo en el cambio ambiental y en la capacidad de mejora y superación. Sólo cuando uno llega al límite puede llegar a conocerse, a saber de qué materia está hecho. En el amor y en la guerra, en la mesa y en el juego, de fiesta o funeral. ¿Quién no se ha sorprendido de si mismo alguna vez? No estoy cambiando mi entorno, ni eligiendo mis influencias por huir de nada, lo hago más bien por seguir creciendo y aprendiendo; por compartir y sentirme protagonista de un futuro imprevisible, por vivir con la responsabilidad de ser feliz para hacer de la felicidad una posibilidad creíble.
    También he defendido que me llevo mal con las coincidencias. Será porque pienso que no solo las personas no cambian sino que el destino no existe y que algunas cosas pasan porque sí, sin mayor explicación que la manera en que se afronte la adversidad o la ventura. En ocasiones, puedo decir ante una casualidad, que es una señal, y que, como tal, habrá que interpretarse. Nunca lo digo en serio, me gusta provocar debates y aprender de la inteligencia de los demás. La idea que que estemos predestinados a hacer algo me resulta dolorosa. El que esa creencia esté instalada en muchas personas y la difundan con vehemencia llega también a asustarme. ¿Qué sentido tendría la vida si de antemano todo estuviera escrito? ¿Cómo poder aceptar que no elegimos las decisiones que tomamos en los momentos cruciales? ¿Por eso hay personas que hablan de universos alternativos e infinitos, tantos como dilemas a los que nos enfrentamos? Mi idea es más sencilla, más romántica. El amor es el que mueve al mundo, el que lo reinventa, lo conmueve y lo inspira. El que siente amor, puede decir que ha vivido. Cualquier clase de amor; incluso el amor propio. Desde que me quiero mejor, me quieren más. Desde que me quiero más, quiero mejor a más personas. El amor que no suma, no es amor. El amor que no nazca de uno está manipulado. No entiendo que se pueda querer a alguien más que a uno mismo y, dicho esto, entiendo que se pueda dar la propia vida por los demás. Y habrá quien llame egoista al generoso tendiendo a creer que tiene derecho, no solo a opinar sobre la vida de otros, sino a decidir sobre cómo deben vivir otros su vida.
    No me importa que estés de acuerdo o no conmigo, me interesa que tengas tu propia opinión y no la herencia de opiniones de otros. Sí, lo confieso, aunque no me lleve bien con las coincidencias, contigo si me gusta coincidir.
    Ser (auténtico) o no ser (auténtico)... He ahí...


    domingo, 9 de enero de 2011

    JOHN. P BUSCA


    “Un lugar en el mundo” es una de mis películas favoritas. Desde mi desubicación actual considero importante cuidar faros a los que poder acudir en momentos sin norte. 
    Lo de elegir lugar donde vivir para mi tiene tanta importancia como las fechas de nacimiento. No es que sea supersticioso, me limito a percibir señales. La primera mujer de la que me enamoré nació un 14 de marzo. Aún nos tenemos mucho cariño. Un día como aquél nació un tal Albert Einstein.  La última mujer con la que estuve viviendo, incluso conviviendo gratamente durante muchos años e ingratamente los últimos, nació un 20 de abril, como un tal Adolf Hitler.
    Por este motivo necesito no solo un hogar, sino una señal. En mi búsqueda hubo un casting no pequeño de candidatos a hogar, emprendí la empresa dando con algún personaje espectacular. Metido de lleno en la ubicación de mi nuevo faro topé con el memorable propietario de una inmobiliaria, como poco, inaudita. Después de varias conversaciones, algunos taxis y todas la invitaciones oportunas e inoportunas, casi le puedo llamar amigo a JC. 
    JC es gay, pero no un gay cualquiera. Si te fijas bien, entenderás que parte de su encanto reside no tanto en su contagiosa alegría como en su asombroso parecido con un cóctel de Camilo Sesto y Torrebruno. De uno porta su melena y hasta juraría que se la ha quitado; y del otro el tamaño y la sonrisa. Le dije a JC lo que buscaba y me contestó algo parecido a “claro, simpático, ¿No te importa que te llame simpático, verdad? Es que me pareces tan, pero tan divertido John. P”. Acababa de contarle lo de Hitler y la importancia que tenía para mi en la actualidad todo ese tema de las señales. Quiero pensar que no llevaba las orejas bien puestas cuando se lo dije porque me llevó de Delicias a la calle Humilladero. JC me ha recordado que, con la actitud adecuada, hasta en los excesos se descubren verdades. ¿Que cómo he dado con esta afirmación? Pues francamente, vi en JC un sincero interés por ayudarme a encontrar un hogar a pesar de su estruendo y mariconeo inicial con un poco prometedor augurio de profesionalidad. En ocasiones es necesario vivir al límite para poder ver lo que hay al otro lado; hasta es probable que al borde del precipicio, si te detienes y le das la espalda al límite, sientas el peligro de perder lo que ves: de dónde vienes.
    Debo confesar, llegado a este punto, que después de algunos vinos solidarios con mi nuevo amigo JC he recordado lo que mi viejo amigo el poeta -del cuál ya os hablaré cuando llegue su momento- me dijo una vez: “recuerda Johni que la felicidad no está en el cuando; no te engañes, la felicidad está en el mientras”. 






    Así que como lo de buscar mi sitio me pone, he decidido hacerlo con la ilusión del que se va de excursión al campo; he rescatado del olvido una mochila de tela verde que nació para llenarse de aparejos de pesca y se recicló en complemento de montañero juvenil desde tiempos en los que aún gobernaba Suárez. En su interior he guardado una libreta con la ruta a seguir, un par de refrescos, frutos secos y tres únicas opciones que valorar para tomar la decisión correcta: altura, ubicación y nombre. 
    A.- Ático en la calle Libertad del barrio de Chueca. Es probable que el llamarse Libertad sea más que una señal. Ayuda el hecho de que está muy cerca de un garito al que acostumbro a descubrir jóvenes talentos que sigo con inconstante interés; y también existe la posibilidad de que me reclamen la nulidad matrimonial por vivir rodeado de los fantásticos amigos de mi amigo JC, el reencarnado Torrebruno gay melenudo. Este último dato tiene un componente más maligno que real; el de la nulidad, claro.
    B.- Ático en la calle Pelayo del mismo barrio. Comparto con Pelayo la aspiración de reconquista de un modo mucho más personal y pacífico. Aún así, reconozco que llegué a plantearme con seriedad mi apego a esta posibilidad como futuro nuevo hogar.
    C.- Ático en la calle Humilladero del barrio de la Latina. Sé que parecerá un poco incoherente -y quiero que tengas claro que jamás he presumido de no serlo- pero esta opción es la más acertada. Motivos tengo que lo confirman y que poco a poco iré desgranando cuando llegue también su momento. Lo del nombre tendré que investigar si tiene alguna historia que lo justifique y creo que me suena -no me lo invento, te lo prometo, te lo prometo- sí, recuerdo vagamente que el nombre de Humilladero proviene de un gallego que tuvo mucho éxito en su tiempo haciendo las Indias pero que fue muy envidiado a su muerte. El caso es que el gallego aquel se hizo con toda la calle y consiguió ponerle un nombre hermoso “O milla du Oro”. Al fallecer, saldaron deudas con su mejorable fama y le cambiaron el nombre por el actual de Humilladero. Sí, creo que es por algo así... Vamos, que a mi el Ático me gusta.
    ¿Que por qué un ático? Lo expresó mejor Pessoa y yo me limito a hacerme eco... “no soy del tamaño de mi estatura, soy de la altura de lo que veo”. 
    He llamado a JC para comunicarle que ya tengo un sitio donde reinventarme y el me ha respondido que me tiene en su agenda en la “I” de Inolvidable. También me ha dicho algo inquietante... que nació un 14 de febrero.

    domingo, 2 de enero de 2011

    JOHN. P PRESENTA

    Para todo hay una primera vez, incluso para la última.
    Ninguno de los que me conocen me identifica con John. P, y lo entiendo. Nació hace poco. Si pudieras elegir nombre ¿Por cuál  te decantarías? En mi caso, lo vi claro. Estamos de paso en esta vida y los afectos influencian. Por las aceras, paseando a mi lado de buenos recuerdos y fabricando los cimientos de lo que hoy soy hay algunas personas que se fueron demasiado pronto. Mi tío Juan se llevó su alegría a compartirla a su modo, como sólo él sabía hacerlo. Siendo un crío le tenía idealizado en su buen humor contagioso y travieso. Tengo una deuda con él; es uno de ese tipo de compromisos que estimulan. Un gran tipo mi tío Juan con el que imaginé conversaciones que no llegué a compartir; le miraba embobado hablando y bromeando con todos. ¡Hasta se hizo actor y modelo! La otra persona que se fue de mi vista, que no de mi corazón, ha sido mi madrina Juana, mi hada madrina. Lo suyo es de leyenda. No recuerdo ni un sólo momento en el que no la viera sonreír. Ni uno. Ni postrada en la cama del hospital un febrero del 97. Durante un tiempo quise vivir como ella imaginaba que lo debería hacer un hombre de bien. Me equivoqué. Ahora pienso que lo que siempre quiso es verme bien. Ellos son John. Y son un puntazo. Lo del punto después de John si lo hiciera más grande parecería demasiado, aún así que conste... ¡Son un puntazo! Lo de P, sin punto, es otra historia, la del hijo que no tuve. Se iba a llamar Pablo. De ahí viene la génesis de John. P; cada uno tiene sus motivos para ser como es. 
    Acaba de empezar el año 2011. John. P está separado y vive solo. Y John. P, aunque ahora lo haga, no suele hablar en mayestático. John. P quiere compartir contigo algunas historias. Las habrá que te parecerán algo fantásticas, aún así debes tener claro que todas están basadas en hechos reales. Todas. Hasta las historias que parecen haberse escrito bajo la influencia de sustancias psicotrópicas. Nada más lejos de la realidad, no toma nada de eso. Pero no lo hace por nada en especial. Generalmente lo que sucede tiene explicaciones sencillas. No fuma “maría” porque no sabe tragar el humo, no por falta de ganas. Además, el marketing es importante, fumar algo que se llame “maría” resulta evidente que no puede ser malo. Lo que venía diciendo, que las historias son las que son. Algunos personajes, por su seguridad, han visto cambiado su verdadero nombre. Por ejemplo, Yago. En las historias en las que aparece le reconoceras por “Y”. Podría poner más ejemplos, pero no me gustaría poner en riesgo más amistades, que me empiezan a quedar pocas... Las justas... Las amistades injustas se han ido al limbo, al rincor de pensar, a que se lo hagan mirar... Son aquellas que durante el partido entre España y Holanda fueron con el árbitro... Al que se sienta identificado quiero decirle algo: ¡Posiciónate!.
    Lo que de aquí en adelante quiero compartir contigo es un nuevo modo de entender el mundo. Una visión parcial, personal y mínima... La mía. La de un tipo que empieza a no tener nada que perder y al que todo le suma. John. P te hablará de despistes, errores, pasiones, desmitificará esteretipos, defenderá al cromósoma “Y” más allá de lo razonable. Nota.- Yago, que no se te dilate el ego que lo de cromosoma “Y” no eres tú. John. P somos todos... Para vergüenza de algunos y divertimento de muchos. En cada historia habrá mucho de mestizaje, con pasiones, locuras, música, imaginación, misterio, sexo, libros. John. P es una necesidad, es la fiesta de las primeras veces que no quieren ser la última. 
    El alter ego de John. P sabe lo que es fingir un orgasmo, tuvo su primera vez de fingir un orgasmo, palabra. Y esa primera vez no fue la última. Al principio le preocupó porque pensó ¿Seré impotente? ¿No habrá sido un gatillazo? Salió de dudas al contarlo. Claro que salió de dudas y de cañas, porque ya puestos, hay que compartir la vida, para bien o para mil. Incluso llegó a ligar contándolo para comprobar así que en realidad no era impotente, se trataba de infraestimulación relacional. Es un mal frecuente entre la población infelizmente emparejada. Que las penas vienen solas, amigos. Toca rodearse de gente buena, que sume afectos, que no sean terroristas emocionales que dejan bombas en forma de saquitos de la mierda en la azotea de tus alegrías. Esa gente no es buena. No, no, no. Son hábiles, debes estar alerta. John. P puede ayudarte a identificarlas, ejemplos tiene. Todo tiene su tiempo. El nuestro está por reinventar.
    A los que todavía no conozco... Ya os empiezo a tener cariño. Vamos a pasarlo bien.
    Tuyo y de todos.
    John. P

    jueves, 30 de diciembre de 2010

    LOLA

    Era martes sin ser trece. Los pies nos buceaban hasta los tobillos en el borde de la piscina. Ella me habló con la timidez de las primeras veces. Acariciaba el aire con su pelo susurrante. No recuerdo nada de lo que nos contamos pero sí la canción que sonaba en un jardín cómplice cuando nos besamos. Aún ignoro si el momento nos eligió o la canción ayudó. Teníamos dieciocho años.  Nos quisimos con la verdad de los que no tienen nada que perder. No me preguntes cómo, pero aún así perdimos. Ella se fue esa noche. Lejos. A otro país con otro mar. Y quiero pensar que le fue bien. Yo me quedé. Y no me quejo. Quiero pensar que me va bien. Se llamaba Lola. Cada vez que vuelvo a escuchar a Duncan Dhu cantar ”Cien gaviotas” vuelvo a sonreír y me gusta la idea de que tal vez cuando ella la oiga también haga lo mismo. ¿Qué aprendí esa noche? Entonces no lo supe pero ahora logro entenderlo: escribir no da segundas oportunidades. Sigo tocando el piano. Estaba claro que Duncan Dhu no sabe ser buen presagio para amores longevos. ¿Se puede impugnar a la canción de un recuerdo?
    Pasados veinte años... leo, luego escribo. La vela tiembla en la mesa. No la culpo. A mi derecha la guitarra se asemeja a una enorme pera mala. El tiempo me sabe a refugio y nostalgias. He vivido proezas anónimas que no comparto. Terminé dos libros que regalé a dos corazones que ahora están rotos. Y los libros han quedado  presos en las más altas torres del castillo de las decepciones custodiado por monstruos que me son hostiles. Puse un anuncio buscando princesas que mataran dragones. No es trece pero ya es martes.
    Lamo las heridas que un erizo de mar tatuó en mi pie izquierdo. Soy optimista. Con menos dolor spiderman se convirtió en superhéroe. Quizá mañana me haga un traje de púas. Busco algo que no existe. Entro al salón. En la estantería encuentro el osito Paddington que me regaló mi hada madrina. Dentro de su hogar de papel, a sus pies está la corona del cava con que saludé a un nuevo siglo: “Kripta”. Así se llamaba la botella con que brindé hasta agotarla y en la que guardé un secreto que navega por el atlántico. Brebaje interesante para un aspirante a supererizo. Miro al piano. Ni rastro de mi talento. Enciendo el ordenador y recibo un nuevo mensaje del pirado de Jonathan Pluto. Parece de broma pero huele a revolución, tiene gancho ese loco. Me preparo para el fin del mundo. Invito a Inga a cenar por si es verdad de aquello que un clavo tapa otro clavo o se limita a seguir haciendo agujeros. 
    La suerte existe, lo que me ocurre es que no acierto con ella. Me pareció entender de una mujer muy interesante que lo que me pasa es que tengo la “mente burda” dilatada, que eso es más común de lo que parece para los no iniciados en la meditación Mahamudra. Sin noticias del modo de mudarla en “mente sutil”. Creo que me han hecho budú y empezaron por los pies. Vienen a por mi. Debería empezar a desarrollar poderes de erizo. A lo mejor me disfrazo de topo. Puede que de topo me salve. Ya es miércoles. La suerte está echada. Recibo señales. El trece que viene sí que es martes. 
    Debo encontrar a Lola para que sepa que habito desde años en un mundo paralelo... “hoy podrás beber y lamentar que ya no volverán... Sus alas a volar... Y cien gaviotas ¿Dónde irán?”... Hay un mundo mejor. En algún lugar existe otra vida que se merece mejores canciones para algunos recuerdos. Lola... Si estás ahí...¡Manifiéstate!

    martes, 28 de diciembre de 2010

    RIGUI LO COLOCO O CON RAZÓN CORAZÓN






    Con razón corazón
                                (a cuatro tiempos)
    Quede claro que declaro que
    Ni loco lo coloco
    Y K. B. que
    Convocados con bocados
    Alarma la mar al alma
    Y sus pedazos
    A latidos de sal en vena
    Abruma la bruma en dudas
    Y todo suma
    Quede claro que declaro que
    Corazón con razón se doma
    Hay ahí ya haya y...
    Rigui lo coloco

                                                        Base de acordes: Do-Mim-Sol-Re 
                                                        (cada acorde repetido dos veces y que marcaré como sigue ”- -;“).
                                                        Inicio de los acordes a guitarra en cuatro tiempos  a ritmo “rigui”. 
                                                        A contratiempo entra el piano con el DO de la sexta octava. 
                                                        (las notas siempre en la 5ª octava, salvo el do en  la 6ª octava).

    Guitarra
    Do- - - ;Mim - - -                    ;Sol - - -  ;Re - - -;
    Piano
                                                        - do si ;do mi sol do sol (largo); - -          ; - -        ; 
      (se repite todo otra vez)
      Do       si      do    mi   sol      do   do    sol   sol 
      Quede claro que declaro que
      Mi    fa  mi    fa   mi  sol sol
      Ni loco lo coloco
      Mi  fa    mi     do (en 5ª octava)
      Y K. B. Que
      Do       si    do   mi       sol      do   do  sol 
      Convocados con bocados
      Mi  fa   mi      fa   mi        sol  sol sol
      Alarma la mar al alma
      Mi  fa        mi    do  do (en 5ª octava)
      Y sus pedazos
      Do  si do mi      sol    do     do     sol  sol 
      A latidos de sal en vena
      Mi  fa    mi      fa   mi     sol      sol   sol   sol
      Abruma la bruma en dudas
      Mi  fa  mi     do  do (en 5ª octava)
      Y todo suma
      Do       si      do    mi   sol       do  do    sol  sol
      Quede claro que declaro que
      Mi    fa  mi        fa        mi  sol      sol    sol  sol
      Corazón con razón se doma
      Mi        fa        mi          do    do (en 5ª octava)
      Hay ahí ya haya ahí...