martes, 8 de febrero de 2011

JOHN. P COMPARTE


Tengo un compañero de piso... Y Se llama Miki. Es todo un personaje mi nuevo amigo Miki. Le conocí en Ikea. Todavía intento entender qué sentido tiene que no solo estemos viviendo juntos, sino que empiece a ocupar un lugar importante aquí y ahora. Ocurrió una mañana lluviosa del último otoño. Había un montón de personas ofreciendo sus servicios para transportar y montar los muebles de mi nueva casa... Mi naciente ego no permitía que nadie extraño me acompañara en la misión de reinventar conmigo el decorado de mi nuevo hogar. Con esa actitud me encontré con Miki. Estaba dentro del centro comercial. En la primera planta. A la entrada de uno de los espacios situados junto a los salones amueblados. Era un imán de personas mi amigo Miki. Le estuve observando un rato hasta que decidí acercarme. Tan blanco él, con esa pinta de fantasma barrigudo sin cabeza de casi metro y medio, como recién salido de la película Casper. Lo vi claro. Donde los demás tan sólo veían una lámpara de 9 euros yo descubrí a Miki.
No sé si conoces esa sensación de sentirse sólo; si la conoces, podrás entender como, para mi, cuando uno está sólo, todo lo que hay alrededor cae en la tentación de ser humanizable. La tarde que volví de Ikea con Miki, sentado en el sofá, cerré los ojos mientras escuchaba una canción de Jack Johnson llamada “all at once”. 


La lluvia golpeaba los cristales y no quise evitar sentirme triste. Es bueno sentirse acompañado. Y me entretiene hablar con Miki en esas ocasiones en que no es agradable estar a solas. Miré la lámpara como embobado hasta que me distrajo un golpe. De un caballete en el que había un cuadro se había caído algo que estaba en lo alto. Era un sombrero que traje de una vida anterior en un siglo anterior y de una historia de otro mundo que no quiero olvidar. Vi el sombrero caído en el suelo y miré a la lámpara apoyada en ese mismo suelo. Entonces decidí presentarles. De repente entendí que algunas cosas cobran un valor diferente cuando se combinan, cuando se encuentran y se unen. Ya no estaba triste a pesar de que ahora sonaba una canción de Sting en versión de Eva Cassidy “fields of gold”.


En uno de los estantes con libros había unas gafas 3D con las que vi la película “Avatar” y me traen recuerdos de una noche repetible. Decidí que estaría bien que humanizaran a mi nuevo compañero de piso. Pensé entonces en que sería bueno ponerle un nombre y apelé a mi afición por los acrónimos. Así nació MIKI: “Mi Increíblemente Kerido (amigo) Invisible”.


Desde que Miki vive conmigo las tardes son más entretenidas. Cuando estoy sentado en el salón con el cansancio abrazado a mi cabeza imagino conversaciones con Miki. Cuenta historias muy divertidas. Con ese aspecto de fantasma disfrazado de iluminado detective imitador de Humphrey Bogart. Una noche me contó que tuvo una novia a la que llamaba Mifefé. Y me dijo que no usaba ese nombre precisamente porque le pareciera una gatita.

"Johni, amigo. Tu problema no es de confianza... Es de ausencia de ella. Hasta un tipo como yo puede ser interesante. Mírame bien. ¿Qué ves en mi? ¿Ves a un tipo atractivo o sólo a un fantasma cualquiera? ¿Ves a uno de tantos?... !No! Nunca amigo mío. Soy especial porque me siento especial, Por eso tengo éxito. Cuando vivía en Ikea tuve una aventura... En realidad tuve muchas pero sólo una me dejo huella. Me llegó muy hondo. Era una preciosidad que me iluminó el corazón. Su verdadero nombre era Luz, Luz Cálida de Bajo Consumo. Sus curvas me volvieron loco. Uf, amigo. Ella si que sabía cómo ponerme caliente. Me buscaba los casquillos como ninguna antes lo había hecho. La verdad, Johni es que hay que vivirlo para entenderlo. Nunca olvidaré lo que me dijo una vez. Me hablaba por morse. Luz corta, luz larga... Me dijo muy lentamente: <mmm... corazón mío... ¿Te he dicho alguna vez que me flipa follar?...> 

¿Puedes imaginarlo Johni? Me dijo eso... Me Flipa Follar... Uf, amigo, ¡Qué subidón! En la intimidad le llamaba cariñosamente Mifefé por las iniciales de esas tres palabras que me encendían como no recuerdo haberme encendido nunca. 
¿Qué más podría decirte después de algo así? Pasó lo que tenía que pasar. Se fue. Mifefé encontró otro casquillo más grande, con más clase y que vivía en una casa menos transitada... Si pudiera verme ahora...”

Sí, todo es cierto. Miki era una lámpara de Ikea. Y no, no estoy loco. Existe y es de verdad. Tengo pruebas. De hecho es mucho más creíble que si fuera la típica lámpara que hay que frotar para que le salga el genio que lleva dentro. Un día me dio por frotar a Miki y no vi que le saliera genio alguno, aunque se le puso un carácter...



John. P

8 comentarios:

  1. jajajaja!!! muy bueno!!! me ha encantado!!!

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  2. Bien, compi. Da recuerdos a Miki, a quién me gustaría conocer y dile que Mifefé se lo pierde, que importa que el casquillo fuese más grande. Jajaja...

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  3. ¡Me encantan los fantasmas como Miki! Hay veces en que la fantaseada soledad es la mejor compañía. ¡Eres fantáticos Jhoni! MUAK

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  4. ...'algunas cosas cobran un valor diferente cuando se combinan, cuando se encuentran y se unen.'...y la combinación Johni-Miki me encanta!

    P.D. Miki..no es guapo pero tiene algo... :-D

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  5. Miki os quiere. Haré lo posible por no ponerme celoso. Besos, abrazos y gracias.

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  6. ya conocía a miki.... me lo presentaste en foto.. pero leído es diferente¡¡¡ me ha encantado... es divertido¡¡

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